viernes, 1 de noviembre de 2013

El Sombrero Lila

A los 3 años: Se mira en el espejo y ve una reina.


A los 8: Se mira y ve a Cenicienta.

A los 15: Se mira y ve una hermanastra fea (de Cenicienta) "¡Mamá, no puedo ir a la escuela con este aspecto!"

A los 20: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que va a salir de todas formas.

A los 30: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que no tiene tiempo para arreglarlo y va a salir de todas formas.

A los 40: Se mira y ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero dice "por lo menos estoy 'limpia", y sale de todas formas.

A los 50: Se mira y ve "yo soy" y va por donde quiere ir.

A los 60: Se mira y se acuerda de todas las personas que ya no se pueden ver en el espejo. Sale y conquista el mundo.

A los 70: Se mira y ve sabiduría, risas y capacidad. Sale y disfruta de la vida.

A los 80: Ni se preocupa en mirar. Simplemente se pone un sombrero lila y sale a divertirse con el mundo.

El sombrero lila. Qué gracia... Hace poco volví a cruzárme con estas palabras y los recuerdos vinieron sólos... Una buena amiga de entonces (entonces era cuando teníamos pocos años y mucha ilusión y ganas de reir por todo), que las circunstancias hicieron que ya no lo sea, nos enseñó un buen día esta pequeña historieta que a todas nos encantó; y a menudo cuando nos encontrábamos "bajitas" de moral y demasiado flacas, o demasiado altas, o demasiado gordas, o demasiado lo que narices sea que nos encontráramos, nos repetíamos las unas a las otras "¡Me pongo el sombrero lila y salgo a comerme el mundo!". Y por lo menos ese día, sí que nos poníamos ese sombrero lila e imaginario que tanta gracia nos hacía...

Qué recuerdos tan bonitos. Casi siempre en nuestro frenético día a día, el pobre sombrero lila queda olvidado y relegado en lo más hondo del armario y olvidamos con él, simplemente disfrutar con lo que hay.

Espero Paula, que desde ahora y siempre, ¡te pongas el sombrero lila! cada día de tu vida y disfrutes y te rías siempre, muestre lo que muestre el espejo.

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