lunes, 28 de abril de 2014

"Dependencia"



La dependencia.

Este es un post que tenía escrito a falta de un final desde hace tiempo, y esperando a ser acabado, permanecía en el baúl de las cosas por hacer, que últimamente crece y crece porque mi mente, mis fuerzas y todos mis sentidos están centrados en otras cositas que se están cociendo...

Ahora por alguna razón, lo he querido publicar por fin.

Resulta que estaba yo pensando y reflexionando para mis adentros en esto de la dependencia, (no en la económica, que eso ya daría para otros mil post...), quiénes son dependientes y cómo los tratamos y ayudamos, (o a veces maltratamos y noayudamos) cuando de repente, y para comenzar a escribir, me he conectado a SanGoogle pidiéndole: "Rae", ese súperlibrogordodepetete (qué gracia... el libro gordo de petete), al que recurro en incontables ocasiones cuando escribo, y ¡toma ya definición que me ha dado!:

Dependencia:  Subordinación a un poder mayor.

Vale, que a continuación hay una retahíla larga con más definiciones. Pero lo primerito que te dice es eso.

Y entonces yo digo, ¡ahora lo entiendo todo!. Si por algo se le llama dependencia a la dependencia... Y yo que me encontraba pensando en términos mucho más románticos, en un acto de amor o en el peor de los casos, de solidaridad y empatía.

Y es que los dos grandes grupos de personas dependientes en los que yo andaba pensando eran esos casi siempre grandes olvidados, nuestros mayores y nuestros pequeños. Ocurren cosas muy parecidas en el cuidado a los mayores y a los pequeños.

Son dependientes, de eso no cabe duda. Por múltiples circunstancias, no siempre las mismas, necesitan de otros seres humanos física y emocionalmente para tener una vida digna. ¿Y qué hacemos nosotros en muchos casos?. Pues eso, lo que la Rae dice. Subordinarlos, someterlos y en definitiva, todo menos ponernos por un momento en su lugar, en sus ojos y en sus zapatos. Que no molesten, que se les oiga y se les note lo menos posible, y si puede ser, en lugares "adecuados"... Véase guarderías vs residencias...

 ¿Qué nos pasa?. ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad, para que parezca que a la mínima de cambio en que otro ser humano (o ser vivo), tiene de alguna u otra manera menos fuerza, menos tamaño, menos recursos, menos lo que sea... aprovechamos para someterlo, tenerlo bien controlado y anularlo como persona independiente y con los mismos derechos que es?.

Qué pena me da, que una persona por ser mayor o pequeña, pierda completamente su derecho a decidir sobre su vida, a pensar por sí mismo, a no ser sometido a lo que otros quieran. Un niño y un anciano que vive al cuidado de sus hijos, a menudo no es tenido en cuenta para decidir ¡sobre sí mismo!. Quédate ahí, ven aquí, ponte esta chaqueta, quitátela que hace calor, come más, no comas más, bebe agua que hace calor, siéntate, vamos aquí o allí, cállate,... En fin... Son personas que dependen de nosotros por sus circunstancias, y nada más. Merecen TODO el respeto que merece cualquier otra persona.

Para mí, la ayuda o el trato a la dependencia debería ser un acto de amor, de empatía con nuestros congéneres (empatía en el más amplio sentido, ya que todos vamos dando los mismos pasos), de solidaridad. Y también, por qué no, de humildad. Deberíamos vernos reflejados con cada gesto. Ya no lo recordamos, (como bien dice el principito...), pero todos hemos sido niños alguna vez, aunque muchos parecen haberlo olvidado... Y todos, en el mejor de los casos, seremos ancianos alguna vez.

Repetiremos mil veces la misma cosa, no para fastidiar ni por ser pesados, sino sencillamente porque no recordaremos haberlo dicho antes. Inventaremos nuevos recuerdos que ocupen el puesto de los que ya no logramos recordar, unos nuevos que a lo mejor se parecen a los verdaderos o quizá ni siquiera... A lo mejor simplemente nos gustan más. Estaremos emocionalmente más sensibles, lloraremos sin motivo aparente o reiremos porque sí... No pasa nada, nuestros motivos tendremos. Y miles y miles de cosas más, que no debemos juzgar, que debemos respetar, porque son momentos delicados y especiales.

El inicio de la vida o el final de la misma. Es un proceso, hay que aprender a conocerlo y a respetarlo, tal como es, con sus altos y sus bajos, su salud y su enfermedad, sus risas y sus llantos. Estamos perdiendo el instinto, el de súpervivencia de la especie, que cuida y protege a todos sus miembros, la fuerza animal del ser humano que cuida de sus seres más débiles. Lo veo a todas horas y en todas partes.

Sé que he escrito desde el resentimiento, desde el cabreo por ver muchas cosas que veo, pero en esos y estos momentos necesitaba hacerlo así. También sé, que por supuesto no todo el mundo es igual, que hay mucha gente capaz de empatizar y de verse reflejado en la piel de otro, pero es demasiado habitual desde mi punto de vista lo contrario, como para no expresarlo o escupirlo así.

Empatía es la clave en estos casos, eso es lo que pienso. 


2 comentarios:

  1. ¡Que reflexiones tan buenas!

    Es cierto, estamos perdiendo el instinto. Parece que cada vez más vivimos para los demás más que para los nuestros. La sociedad se ha vuelto exigente y nosotros cada vez más queremos bailar a un ritmo que no es el adecuado.

    Una de las cosas que hay que eliminar en la crianza de los hijos es pensar que el adulto es superior(no lo es), cuando eliminemos ese escalón las cosas empezarán a ir mucho mejor.

    Un beso amiga

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    1. Toda la razón. Queda tanto camino por hacer... Llegaremos alguna vez, tan siquiera a estar en el camino correcto??.

      Ese afán de sentirse superior y de dominar unos sobre otros sin motivos que lo justifiquen... No lo entenderé nunca...

      Un abrazo grande!.

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