jueves, 5 de noviembre de 2015

El otoño ya está aquí

Ya nos hemos metido de lleno en los fríos, las clases, las tardes lluviosas... Y aunque estamos otoño, y me parecen preciosas las calles y parques en esta época del año, lo cierto es que es momento de recogimiento y estar más en casa.

Aunque la propuesta ya estaba sobre la mesa, de nuevo me encuentro pensando el por qué últimamente me cuesta tanto sacar el tiempo para sentarme a escribir, y poder contar tantas y tantas cosas que tengo dentro deseando dejarlas salir aquí... No es difícil la respuesta. Cada vez quiero hacer más cosas, y la prioridad no cambia, es estar con Paula. Por tanto, las cuentas salen al dedillo... No hay tiempo material, y acabo el día agotada.

Pero me niego. Me niego a abandonar este espacio, que sigue siendo como un rincón en el que me regocijo en mis sentimientos tan intensos respecto a la maternidad. Me niego a dejar de crear esta historia acerca de mi pequeña, acerca de nosotros, de nuestra pequeña familia. Porque me gusta escribir, porque me gusta contarlo, y también compartirlo. Porque este blog me ha aportado millones de cosas todas ellas preciosas e interesantes, porque he conocido y leído a gente que considero maravillosa, aún sin haberles visto, tocado y abrazado. Y esto para mí, hace unos años hubiera sido impensable...

El curso ha empezado con mucha más calma y buenas sensaciones que el pasado. Creo que nuestra pequeña Paula está prácticamente adaptada a su cole, y nosotros no podemos estar más felices.

Hay algunos temas que me inquietan, no lo negaré, como que cuente que hay algunas niñas que la quieren pegar e incluso que haya llegado a casa con la marca de un gran bocado en la mano.

Reconozco que estos temas me superan un poco, y no sé muy bien cómo actuar a veces. Es una niña que no pega jamás, ni avasalla ni suele juntarse a jugar con niños que sí lo hagan. Pero la realidad es que se las lleva igualmente.

Hablar con su profe me ha tranquilizado bastante, porque me ha contado que suele verla más integrada en el grupo que el curso pasado, y que la ve jugando con niñas que son tranquilas, un poco a su estilo. Igualmente ha asegurado que va a estar más atenta si cabe, para evitar que se produzcan estos incidentes.

Pero yo no sé muy bien cómo actuar en estos casos, ni qué decirle, más allá de que nadie, absolutamente nadie tiene que hacerle nada, ya sea pegar, quitarle cosas que ella tenga, o cualquier otra falta de respeto, y que al igual que hay que respetar a todo el mundo, ese mundo debe respetarla también, para que no considere en ningún momento estas conductas como algo normal.

Aún la veo tan chiquitina e inocente en un mundo que no lo es tanto...

Ha empezado clases de baile, con una ilusión tremenda pero ayer a la hora de entrar en el aula, me abrazó y se puso a llorar pidiéndome agua... Se me partió el alma, y me vinieron mil recuerdos nada agradables a la memoria.

La llevé al baño, le pregunté qué pasaba y si prefería venir a casa con mamá. Me dijo que sí pero que no la borrara. Nos volvimos por donde habíamos venido, ella ya feliz y yo con un poco de congoja por dentro.

No sé muy bien qué pensar. Sé que le gusta el baile, sé que estaba ilusionada con ir a esas clases, ella me pidió apuntarse, pero a la hora de la verdad hay algo que le frena.

Veremos la semana que viene cómo está el asunto. Quiero pensar que los miedos e inseguridades que aún le asaltan en ciertas situaciones se irán solos. También quiero pensar que entablará relaciones bonitas de amistad que sepan valorar toda su bondad y toda esa sensibilidad que desborda.

De momento es mi espinita. Pero todo pasa, me digo a mí misma.

Estoy segura que aprovecharé la llegada de las lluvias y los fríos para sacar más tiempo para mí querido rincón de Burbujita.

Siempre hay taaaanto que contar.

Mientras tanto, apuramos al máximo los días que el tiempo nos deja disfrutar mucho al aire libre...

 

lunes, 7 de septiembre de 2015

Las rutinas ¿mito o realidad?...

Ya no nos queda nada para que comience el cole. Un par de días escasos...

Escucho por todas partes las ganas que tienen casi todos los padres y madres de que sus hijos empiecen las clases. Pero más que por las clases, ¡por las rutinas!... Las dichosas rutinas.

A todas horas y por todas partes, "la importancia de las rutinas en los niños". En boca de todo el mundo y en infinidad de artículos, bajo mucha palabrería, pero sin un sólo atisbo de premisa científica que avale todas esas afirmaciones.

A mi mente viene una frase que leí no hace mucho por las redes, que decía algo así como, "si crees que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal". Venía citada por Paulo Coelho (no sé con certeza si es suya).

Y entonces, ¿por qué tanto amor a las rutinas en los niños, así en términos generales?. Yo pienso que es muy sencillo, es simplemente una cuestión de comodidad para los adultos. Yo me levanto muy temprano, por lo tanto, me va fenomenal que ni niñ@ se acueste también muy temprano para que podamos dormir ambos. Y hasta ahí, todo perfecto.

Necesitamos descansar. Eso está claro. TODOS. Los niños y también los adultos. Y si nos levantamos pronto, y tenemos días llenos de actividad, el cuerpo te pedirá pronto ir a descansar. A mí particularmente, no me importa si un día es a las 9 y otro día a las diez menos veinticinco. Si un día me ducho en la mañana y otro por la noche. O si un día no hay ducha ni baño, porque sencillamente no nos apetece. Bufffff... A veces creo que nos complicamos la vida más de lo deseable.

"Los niños necesitan rutinas", me decían el otro día. ¿Necesitar???. ¿Los niños???. ¿Por qué van a necesitar tal cosa?... No será que en nuestras ajetreadas vidas nos viene muy bien establecer una serie de horarios (más o menos estrictos dependiendo de lo estricto que sea cada cual) para que todo fluya más o menos en orden?.

Y ahora digo yo, que eso qué narices tendrá que ver con las necesidades de un niño. Lo que más me hace gracia es que a menudo la gente habla de la necesidad de los niños de vivir bajo un régimen de rutinas, como si fuese algo absolútamente general, casi casi impuesto por código genético. Y lo siento, pero por ahí sí que no paso. Hablan de imponerles rutinas desde que son bebés. Existen incluso libros que "te enseñan" a poner rutinas a tus hijos desde bebés.

A mí esto, sencillamente me parece un horror. Y nada respetuoso para ellos, que son personas, diferentes, individuales y únicas, con unas necesidades diferentes en cada caso. Con todo esto, lo que podemos hacer es establecer unos hábitos de vida en familia, que se adapten un poco a las necesidades de todos y respetando todas ellas. Poco a poco, y a medida que tu bebé vaya creciendo, te vas dando cuenta de sus preferencias, sus necesidades... ¿Que habrá niñ@s que les encanten las rutinas y horarios y se sientan incómodos ante los cambios...?. Puede ser. Así como habrá otros que todo lo contrario, y otros que ni fu ni fa...

Lo que sí está claro, es que un bebé lo que necesita es sentirse seguro, y que eso lo consigue a través del contacto directo con su figura de apego, su calor, su alimento cercano en todo momento para tomarlo cuando le plazca y poder descansar también cuando le plazca.

Creo que las necesidades son nuestras. Y ni siquiera nuestras, son las que nos hemos impuesto por nuestras organizadas y ajetreadas vidas. Que nada tiene que ver con que un ser humano, grande o pequeño necesite rutinas. Yo, por ejemplo no las necesito en absoluto, incluso me molestan a veces.

Desde luego, quien piense que un niño necesita rutinas para sentirse feliz y seguro, no ha visto a mi hija, perfectamente sana, ser la felicidad personificada viviendo en verano, sin horarios, sin actividades impuestas, correteando todo el día medio en pelotas y haciendo casi casi lo que le viene en gana a cada momento.






viernes, 4 de septiembre de 2015

La vuelta

Ya se acabó el verano...

Hemos estado en modo off de casi todo. He vuelto a estar en etapa de no escribir nada, aún teniendo muchas cosas que contar.

Pero ha podido la pereza del día a día, de no hacer casi nada excepto disfrutar de la compañía, de la pequeña, de nosotros, de los amigos... Esos amigos a los que sólo ves una vez al año, con suerte, pero que cuando te juntas parece que no hubiesen pasado los meses.

Ha sido un mes de vacaciones sin muchas expectativas y sin muchos planes. Pero dedicado cien por cien a lo que me gusta. Que es algo tan simple como cuidar, de mi niña, de mi casa, de los míos y de mí. Se ha pasado rápido, aunque parezca que un mes da para mucho.

Y sí que da para mucho, en el sentido de hacer cosas que tenías pendientes, o para dedicarle más tiempo a mis costuras, mis trabajillos, algún pequeño trabajillo de restauración... Pero en lo esencial, se sigue quedando corto... :-(

Para rematar el final de las vacas, hemos estado una semana en la playa, en casa de unos amigos. Y ha sido una delicia. Este año Paula ha disfrutado verdaderamente del mar, del tiempo de no hacer nada. Verla y mirarla, ha sido el mayor regalo para mí.

Hemos jugado y nos hemos bañado muchísimo. Creo que yo también he disfrutado más del mar que nunca antes. Es como una medicina para mí. El último día sentía que era un pescadito al que arrancaban del agua que le proporciona el oxígeno para llevarle tierra adentro, donde se ahoga...

¡¡Hemos volado una cometa!!. Compramos una que no llegaba a dos euros, porque de siempre había tenido la ilusión de probar un día cómo sería volar una cometa. Y ahora, pensé que ya que no lo había hecho hasta ahora, a Paula le haría ilusión. Y aprovechando que en la playa en la que hemos estado, todas las tardes hace mucho viento...

A ella, ilusión, lo que se dice ilusión, no le hizo mucha al ver que aquello no era tan sencillo como agarrar el hilo y verla subir y deslizarse por el cielo. Pero... a nosotros!! Me olvidé por unos momentos de todo, y disfruté como no recordaba hacerlo desde hace tiempo. Es una pasada, sentir cómo va subiendo según vas soltando hilo y más hilo. Sentir como parece que batiese unas alas imaginarias al dar pequeños tirones a la cuerda, y vuelve a subir.

Cuando de repente se acabó el hilo y aquello se rompió (seguramente a una cometa de 2 euros no se le puede pedir mucho más...), no podía parar de reir y de gritar diciendo, "¡qué se va, qué se va!". Al final la recuperé, una gran carrera más alante y para mi tranquilidad, sin ningún incidente ni accidentado que lamentar.

Mientras tanto, Paula se emocionaba con otros motivos, escalando dunas que para ella eran una gran montaña. ¡¡Está empeñada en que quiere escalar montañas!!, hasta el punto de que cuando vamos en el coche y ve cualquier pequeña montañita (que para ella debe ser algo así como el Everest), no para de insitir en que paremos el coche porque quiere escalarla!!  Escala incluso en aceras muy empinadas, ja ja ja!.

Ya nos quedan pocos días para dejar todo este tiempo en el recuerdo, y pasar a un nuevo curso. Con muchas ilusiones y muchos sueños en la cabeza. Con muchas ganas de contar y de escribirlo. Espero que así sea.

Otro curso en el que crecerá, cambiará y se hará más independiente aún. Casi sin darnos cuenta.

Mientras lo esperamos, sigo deleitándome con el buen sabor que todavía me dura, de un verano en el que por unos días he saboreado lo que tanto me gustaría... Estar a diario ocupándome de mi hija, de mi familia, de mi casa y mis cosas. Sin angustias, sin anhelo de horarios, ni de oficinas. Tan sólo disfrutando de algo tan importante como el momento vivido. Nuestro momento juntos.

En mi mente, aún queda algo de esas primeras luces que van asomando al final del mar, en los maravillosos amaneceres que hemos disfrutado.



martes, 30 de junio de 2015

Fin de curso, haciendo recuento

A lo tonto y despacito, hemos llegado al final... El final de este primer curso del cole de mayores!

Yo, que con todas estas cosas, soy de lágrima fácil, me emociono un poco al escribirlo. Atrás quedaron esos primeros días en que nuestra pequeña salía llorando y tristona porque no le gustaba la idea de abandonar su cole de pequeños, con su profe y sus amiguitos.

Llegar al cole de los grandes no fue fácil al principio. Pero los días pasaron y descubriste un mundo nuevo, que aunque todavía se te quedaba grande, en él ibas descubriendo muchas cosas nuevas que te gustaban y nuevas personas que fuiste incorporando a tu vida.

El comedor... Sólo fueron dos días, pero suficiente para darnos cuenta que no era tu sitio. La alternativa se nos presentó como una bendición que nos salvó y que nos hizo no sólo más llevadero, sino casi idílico el camino de la incorporación. Aquí lo contamos entonces.

Recuerdo que estabas muy triste esos días, un poco por todo en general. El primer día de comedor, una de las cuidadoras me dijo que habías estado a punto de ponerte a llorar, pero te dijeron que si llorabas mamá no vendría y entonces dejaste de hacer pucheros. En fin... Voy a no comentar este episodio que me contaron sin darle mayor importancia, y que a mí me mató por dentro.

Hija, yo siempre iré a buscarte. SIEMPRE. Allá donde estés, y pase lo que pase.

Una noche llorabas desconsolada diciéndome que por favor no te llevara al cole, que no querías ir más. Son momentos tan dolorosos...

Allí estaban mamá y papá, sosteniendo tu llanto, tu miedo, tus dudas... Entendiendo y respetando tu proceso, sin poder hacer mucho más que tanto y tan poco, como secar tus lágrimas y regalarte tardes enteras llenas de mimos, de besos, de juegos, de calle, de sofá y de descansar juntos.

Ahora a todos esos momentos, podemos añadirle muchos otros, algunos muy bonitos. Estás aprendiendo muchísimas cosas, y lo mejor, casi sin darte cuenta.

Sobra decir que no es perfecto. Ójala!. Pero es lo más perfecto que hay dentro de nuestro abanico de posibilidades. Y con eso de momento, nos basta.

Tienes una profe cariñosa, tranquila y que te va conociendo. Dice que eres lenta, y que muchas veces no has acabado algo cuando todos ya terminaron hace rato. No me importa, de hecho me gusta. Pones mimo y cuidado al hacer las cosas y no tienes prisa, porque prefieres hacerlo con todo tu esmero y como a ti te gusta, que acabarlo rápido. Espero que no consigan acabar con eso, me parece  un bien tan preciado en estos tiempos de prisas e inmediatez que deberíamos cuidar y no entorpecer.

Hace poco, un día descubrimos que sabías poner tu nombre, ¡y que te encanta ponerlo en todos tus dibujos y creaciones!. Sin darle importancia, sin interminables fichas llenas de letras que resultan tan monótonas y aburridas, sin apenas enterarte, ya pones tu nombre y reconoces varias letras.

Cuentas hasta 10 ó hasta 15 o incluso hasta 20 a veces!. No siempre llegas al mismo número. Te descubro haciéndolo sola de vez en cuando, contando cosas que aparecen en tus cuentos o en jueguecitos del móvil... je je, que no veas qué destreza has cogido cuando a regañadientes te prestamos el dichoso aparatito...

Has aprendido muchas cosas interesantes sobre la llegada de las estaciones del año, sobre el polo norte y sus habitantes, pingüinos, inuits, focas, morsas... Los bichillos e insectos que van apareciendo con la llegada de la primavera, la caída de las hojas en otoño... Literalmente he alucinado con algunas cosas que me contabas con gran asombro que muchas veces ni yo sabía. Habéis desarrollado muchos proyectos a lo largo del curso que parecen haber despertado gran interés en todo lo que ibas aprendiendo. Ha sido un gusto ver cómo se aprende cuando hay ganas y motivación, sin forzar y sin presiones. Así lo percibimos desde casa. Deseo con todas mis fuerzas que esto continúe así.

Los trabajitos que has ido trayendo a casa, porque aunque no hemos comprado libros, las profes os han ido facilitando algunos materiales para trabajar algunos conceptos, me hacen mucha gracia.

Aunque en casa ya lo hacías así, veo que en el cole también pintas a trocitos o rayitas de colores. ¡Te encanta pintar así! Y yo me maravillo porque nunca había visto algo igual... No quiero ni preguntar para no interferir en ese proceso de creación de obras de arte... Ja ja ja!!! ¿Qué patrón seguirás? ¿seguirás alguno??, ¿es puro azar, la distribución de los trocitos y colorines...?. Sólo tú lo sabes mi amor, y así tiene que ser. Tú eres la artista! ;-)

Y como una imagen vale más que mil palabras...
 

Poco a poco, vas entablando un primer esbozo de lo que serían amistades. Eres generosa, empática, e increíblemente bondadosa con los demás compañeros y niños en general. Y yo lo adoro. No das tu amistad y tu calor, tu cariño y tus mimos a la primera de cambio... ¡Pero amiga! cuando Paula te acepta en su vida, prepárate para recibir el más puro amor del bueno! Ja ja ja!. 

Nos cuentas que hay una niña mala (cosas que se aprenden en el cole y que no nos gustan, las malditas etiquetas y la dualidad entre lo bueno y lo malo de la vida...), que te pega y tira de la coleta cuando te ve en el patio. Yo te explico que seguramente no es mala, que lo más probable es que no sepa que eso no se debe hacer y que nadie le habrá enseñado que jamás de los jamases se debe pegar a nadie. :-((. Mientras tanto, mamá se pregunta... "¿Por qué dejan que esto se convierta en algo repetido?.

Has ido de excursión, al teatro, al safari, a la granja escuela. Te gusta y disfrutas de las salidas con los compis. A tu última excursión a la granja llevabas días diciendo que no querías ir ya que tu amiguita del alma no podía ir. Te dije que lo que tú decidieses estaría bien. Finalmente cambiaste de opinión y creo que fue un acierto. Aunque al despedirte de papá en el autobús lloraras de la emoción de la despedida... Mi niña...



En definitiva y haciendo recuento, ha sido buen año, un buen curso. Enseguida empezaste a estar contenta con tu nueva etapa. Has dado un gran cambio que todos los que te rodeamos hemos notado. Te apetece mucho más abrirte a la gente, charlar, contar tus cosas... Vas convirtiéndote poco a poco en una personita mayor, en una gran personita mayor, chiquitita y que aún así va mostrando su carácter. Reconozco que por dentro me parto de la risa cuando con total y absoluta naturalidad contestas a alguna de mis preguntas como por ejemplo: 

- Mamá dice: "Paula, ¿por qué no recogemos todas las pinturas y los juguetes que se han quedado por todo el salón?"
- Y Paula contesta: "Mmmm... Porque no quiero mami". 

Pero sin la más mínima intención de que sea una mala contestación ni un reto... Mamá te ha enseñado a expesar absolutamente todo lo que te apetece, a decir en cada momento lo que quieres y no quieres, y... ¡¡voilà!!... Ahí lo tienes mamá... Ja ja ja!!!

Ahora toca disfrutar del verano todo lo que podamos, del agua, del sol, de andar todo el día en "bolillas", y en definitiva de jugar a todas horas y por qué no, también de aburrirse...


 Eres la delicia de mis tardes y de las tardes-noches de papá, de nuestros fines de semana y de nuestra vida. ¡¡Te queremos hasta la luna, las estrellas, el sol y el Universo entero!! (Ahora ya sé que tú a nosotros también, te lo has aprendido y nos lo sueltas cada dos por tres... Eso sí, no siempre con todo el acierto en las palabras :-))) Un día toda llena de amor me dijiste, "mamá te quiero hasta la luna, hasta el sol, hasta las estrellas ¡Y HASTA EL UNIFORME!

jueves, 18 de junio de 2015

La competitividad en los niños.

A menudo y en casi todos los ámbitos en los que nuestros hijos conviven se fomenta, de manera consciente o inconsciente la competitividad. En la propia casa y entre la familia a veces se fomentan estas actitudes. En la escuela especialmente, con sus calificaciones y sus sistemas de premios y castigos, esto es incluso más evidente.

Desde casa y a veces sin darnos, o dándonos cuenta, caemos en la competición por quién llega primero, quién come más, quién es más alto o más fuerte... Ellos, desde su inocencia, caen de pleno en el juego y compiten aún sin saber muy bien por qué.

No me gusta. Por más que he buscado, no he logrado encontrar evidencias científicas ni a favor ni en contra de inculcar y fomentar la competitividad en los niños desde edades tempranas. He de decir que me hubiese encantado encontrar alguna evidencia, por ínfima que fuese, que me diera la razón, que dijese que la competitividad lleva a la comparación, de ahí a la frustración, a los sentimientos negativos, falta de autoestima, ansiedad, incluso violencia. Todo eso, yo lo meto en un mismo saco y lo que sale no me gusta.

Para mí, es sólo una cuestión de sentido común. Yo lo veo tan claro...

Esta semana en el cole, están en pre-vacaciones y organizan un montón de actividades que se salen un poco de su norma habitual y en las que invitan a todos los papás que quieran y puedan ir. Ayer les sacaron fuera del cole e hicieron una carrera. Una súper carrera para los más peques y al ganador de cada clase se le entregó un grannnn trofeo.

Los demás, por supuesto, con 4 años en el mejor de los casos, y en el peor como en el caso de Paula, con 3, se quedan mirando sin ni siquiera un reconocimiento por el esfuerzo y la participación. No lo veo, la verdad... A Paula parece que le dio un poco igual la verdad. Pero había niños que se enfadaron, que incluso salieron con cara larga y disgustados. No me extraña. ¿De verdad hay necesidad de esto...?. Transmitirles el gusto y el placer del deporte y la actividad física me parece perfecto, pero aún son pequeños para entender el perder y el ganar, la competición como tal.

Y es que si desde pequeños fomentamos la competición en cualquier ámbito, como la escuela, que desde mi punto de vista debería estar libre de cualquier comparación, entramos en un círculo que se perpetuará en la edad adulta y que genera que nos pasemos la vida midiéndonos con el prójimo y hasta con nosotros mismos. Esto, nos hace infelices. Pero eso sí, genera una sociedad competitiva y por tanto, consumista de todo lo habido y por haber, todo por ser mejor en cualquier cosa.

A veces, les hacemos competir y les medimos y comparamos hasta en las cosas más absurdas. Ni siquiera en algo importante para ellos como su nivel de felicidad... Cosas como, a qué edad comienzan a dar los primeros pasos, las primeras palabras, si comen cuatro o diez cucharadas más que su primito que es 3 meses más pequeño, si sacan mejores notas que su hermano...  ¿No es ridículo?. ¿De verdad, son tan importantes todas estas cosas...?.

No me valen los argumentos que mucha gente me da, diciéndome que hay que prepararles para la edad adulta y el mundo de los mayores, en el que se les va a exigir competitividad día a día y destacar y ser los mejores. Lo siento, no me vale. Cada cosa a su tiempo por favor.

¿Quén?. ¿Quién se lo va a exigir?. Y ¿por qué?. Y ¿realmente es útil?, ¿para qué?. Yo no le encuentro el beneficio, ni la utilidad. No quiero que mi hija crezca midiéndose ni se prepare para ello en el futuro. El futuro es hoy. Eso es lo único que cada día tengo más claro. Y lo único que deseo es que se ocupe de ser feliz día a día y por el camino.  Despacio, y sin presiones de ningún tipo.

Debemos despojarnos de todas esas medidas y comparaciones. Crear una sociedad y un mundo en el que no haya que ser mejor ni tener más para ser feliz, en vez de cambiar a nuestros pequeños su desarrollo natural para que se adapten al mundo que hemos creado.

Eso es lo mejor que podemos dejarles.



domingo, 17 de mayo de 2015

Queda oficialmente inaugurado el veranito!!

Este finde hemos estado de puente. Con calores casi de pleno agosto, y con muchas ganas de disfrutarlo.

No hemos ido a la pradera de San Isidro, ni verbena, ni vistillas, ni hemos comido rosquillas del santo... Lo más cerca que hemos tenido San Isidro, ha sido la celebración del cole de Paula, en la que les han dado limonada y rosquillas!. ¿Dónde quedó todo aquello?... Pues ya, lejos en el tiempo. La pereza estos últimos tiempos se adueña de mí cuando pienso en acercarme a la "capi"... Jejeje!. Elijo quedarme en el pueblo a la mínima de cambio!!. Igual algún día...

Hemos tenido cumple de mi hermana, de la tata. Películas, familia, barbacoa, mucho patio, aire libre, abuelos y hasta piscinita!!.

Paula se ha dado el primer baño de la temporada. Yo, que soy su madre, tendré que esperar todavía un poco a que el sol apriete incluso más. En eso no puede ser más distinta, mi chiquitina a su mamá... Donde yo estoy helada, ella abre una ventana y toma aire, donde yo necesito manguita, ella corretea desnuda y descalza por menos de nada.

Yo la veo meterse en ese agua, para mi implanteable y gélida... Y pienso, ay! pobreta mía, qué frío va a pasar :-(

Pero voy poco a poco aprendiendo a relajarme, a dejarla hacer, a dejarla abrigarse cuando tiene frío, y destaparse o bañarse en aguas congeladas si tiene calor... ;-)




Momento del fin de semana... En el que vuelve de caminar con su abuelo por el campito y viene directa diciendo, " mira mamá, que flores he cogido para ti "...


martes, 28 de abril de 2015

Cuando todo comenzó...

Cuando comencé a escribir este blog, su único objetivo era guardar y compartir la alegria de la que estábamos invadidos por nuestra nueva condición de padres.

Contábamos con ilusión y cierto tono gracioso, cada sentimiento, cada nueva emoción y síntoma semana a semana, según iba avanzando y creciendo nuestra pequeña burbujita.

Escribir este pequeño diario ha sido y es un camino precioso, que día a día, me ha reportado mucha satisfacción y mucho aprendizaje. Lo mejor, otros sitios que he conocido y aún sigo conociendo y que tanto me aportan.

Últimamente tengo tanta escasez de tiempo que muchas veces no me siento a escribir (y mira que me encanta hacerlo...), porque creo que no voy a disponer del tiempo y la concentración suficientes para redactar un post decente. Algo productivo e interesante que contar. Siempre me ha gustado acompañar mis reflexiones con datos o información de la que dispongo o que me gusta buscar.

Pero me doy cuenta que todo esto me está apartando un poco del camino. En algunos momentos me gustaría simplemente sentarme y escribir cómo fue nuestro día, qué hemos sentido, qué cosas nos han hecho llorar o partirnos de la risa. Pero casi siempre acabo aparcándolo por no poder entretenerme más allá de eso.

Y hoy creo que es un error. Porque uno de los objetivos más bonitos de este blog, es que algún día podamos sentarnos a leerlo y recordar cada paso que dio nuestra pequeña, cómo iba cambiando, cómo iba aprendiendo mil cosas cada día. Y eso no quiero que se pierda.

Me doy cuenta de que hace mucho tiempo que no cuento nada acerca de nuestro día a día. Que no cuento las millones de cosas que Paula está aprendiendo cada día, y que nosostros estamos aprendiendo con ella.

Paula es una niña maravillosa, y lo digo yo que soy su madre ;-), se ha convertido en una personita sensible, que llora desconsolada si en unos dibujitos algún personaje sufre una pérdida o una tristeza.

Una niña que pelea lo que quiere, y que no se deja convencer sin más de lo que no le cuadra o no le gusta.

Es tranquila, pide siempre las cosas por favor, y da las gracias hasta cuando le tiendes la mano para subir un escalón muy alto.

Le encanta hacer manualidades con papá y se inventan mil cosas con lo más mínimo, rollos de cartón, piedras, papeles, palitos de madera... Le encanta pintar, siempre muy despacito y con gran cuidado. Ya dibuja personas con grandes cabezas de las que salen unas piernas largas, al final de las cuales hay unos pies con circulitos pequeños que son los dedos!! Ja ja ja. Pone la tapadera con mucho cuidado a cada rotulador después de usarlo para que no se estropeé. Es cuidadosa y se enfada o entristece mucho si se le rompen o estropean cositas.

Se va contagiando del entusiasmo de disfrutar del aire libre, de un paseo por el campito, de mirar las flores, de plantarlas y observar cómo nacen y crecen las hojitas.

En el cole dicen que es muuuuy lenta. Yo pienso, ¡qué bien!. Ellos piensan... "qué rollo". Pero, aunque nos costó al principio, se ha adaptado y creo que es feliz con sus nuevos amigos y su nueva vida. Hay veces que tengo dudas, pero luego pienso que son simplemente días malos o un poco peores, como nos pasa a todos.

Esto es lo que me gusta escribir en el blog. Lo que nos pasa, lo que aprendemos y sentimos como familia. A veces serán grandes post y a veces serán dos líneas. Pero no hay que perder la esencia.

Tres años de la más absoluta felicidad y certeza de que tener a esta pequeña en nuestras vidas es lo mejor que nos ha podido pasar.

Y como una imagen vale más que mil palabras...



Plantando sus semillas de girasol. Poniendo el jardín la mar de bonito!.

Nos encanta que llegue este tiempo para disfrutar del patio todo el día. Me pongo con mis costuras, mis pinturas, mis trabajos también de manualidades y enseguida viene... "Mamá, ¿te puedo ayudar?..." Ja ja ja!. Yo pinté y decoré una banqueta, ella pintó una cajita de madera para guardar cuentas y no le pudo quedar más bonita!.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Por supuesto que se enteran...

Hace poco, una compañera se ha incorporado al trabajo en mi oficina, tras su justita, estricta y ridícula baja maternal de 16 semanas, dejando a su hijo en la guardería sin cumplir aún los 5 meses, casi 10 horas seguidas. Y esto, contando con esa "gran ayuda" a la lactancia de poder salir una hora antes, tras esto, serán casi 11 horas. Un bebé que ni siquiera ha llegado a cumplir la edad en la que diferentes organizaciones internacionales relacionadas con la infancia y la salud, recomiendan que se alimente exclusivamente de la leche de su madre.

Pero dejando a un lado el tema de la alimentación, yendo un poco más allá... Cuando las compañeras nos acercamos a darle la bienvenida y un abrazo a su llegada, me encuentro con que muchas de las mujeres que allí se encuentran, al preguntar por el bebé y por dónde pasará las horas que su mamá estará en la oficina, con el afán de animar o ve tú a saber con qué fin la verdad... sueltan un "pero si ellos no se enteran hombre!!". Mis ojos son como platos.

La propia mamá secunda la afirmación. "Claro!, cuando son tan pequeños no se enteran, ellos están tan felices...".

¿De verdad?... ¿De verdad alquien puede pensar que un bebé que no alcanza el medio año de vida, le da igual estar con su mamá, a la que ama, adora y conoce hasta por el olor que desprende, que con adultos desconocidos, y un buen número de bebés que están en su misma situación y que todos por igual demandan atención continua?.

Claro que se enteran. Por supuesto que se enteran. Y no sólo se enteran, sino que a veces sienten miedo, abandono, estrés, y muchas otras sensaciones nada agradables para ellos, que no entienden nada bien qué está pasando y por qué su madre, que hasta ahora estaba casi 24 horas a su lado, de repente desaparece de su lado para ir a quién sabe dónde.

Lo sé, es duro soportar estas otras afirmaciones, para las que hemos tenido que escoger la opción de la guardería, y digo escoger por decir algo, puesto que en la mayoría de los casos, no hemos tenido más opciones. Pero el hecho de que sea duro no implica que debamos negarlo o inventar cuentos chinos. No será más fácil por el hecho de decir lo contrario.

Recordemos que ellos aún no tienen noción del tiempo. Cuando su mamá desaparece de su vista, ellos no saben si será por un rato, por muchas horas o por toda la vida... No entienden que luego volverá, antes o después, pero volverá.

¿Que se adaptan?. Por supuesto que lo hacen. Con mayores o menores consecuencias, pero se van adaptando, cada uno con sus pobres y escasos recursos, a la nueva situación. Van añadiendo figuras de apego y acostumbrándose a que mamá tiene que irse, pero las reacciones pueden ser de lo más variopintas y pueden darse en cualquier momento. Simplemente, hay que entenderlo, respetarlo y acompañarlo. Es así de simple.

Sino hay más remedio, no lo hay, y punto. Pero negarlo, ignorarlo o trivializarlo, no sólo me parece inadecuado e inútil, sino que me parece una falta total de empatía hacia ese bebé que está pasando seguramente por uno de sus peores momentos en su corta vida.

Con este tipo de afirmaciones y pensamientos, nos estamos haciendo flaco favor a padres, madres y bebés. Deberíamos en lugar de eso, reclamar una verdadera ley de conciliación de la vida familiar, y no esta birria que tenemos, que ni siquiera se acerca a lo que sería lo ideal y saludable, y que no tiene en absoluto en cuenta a ninguna de las partes implicadas, desembocando todo eso, en una sociedad un poco peor, menos empática y que no apoya ni se preocupa por los que son el verdadero futuro de dicha sociedad.


miércoles, 11 de febrero de 2015

Besos Libres, niños libres

Me sumo a la preciosa y sobretodo necesaria iniciativa que ha lanzado BeaMamádeDos, para lograr una infancia llena de Besos Libres. Hay luchas que nunca deberían existir. Y ésta es una de ellas. Por lo obvio que debería resultar que a NADIE, y cuando digo nadie quiero decir NADIE, ni siquiera los niños (parece que a veces se nos olvida), se le debería obligar, o presionar, o insistir, o coaccionar para que de muestras de cariño a otra persona.

El cariño y el amor deberían ser espontáneos y siempre motivados por un verdadero sentimiento de amor o cariño. De hecho, para los niños es así. Ellos no entienden de chantajes ni besos robados ;-). No sienten la necesidad aún, de "quedar bien con nadie ni aparentar".

Yo esto lo tengo claro. Yo sólo beso y abrazo a quien quiero. Y por tanto, espero y quiero lo mismo para los demás.

Pero, ¿qué pasa cuándo son los demás los que reclaman besos?, los que chantajean, los que insisten o coaccionan?. No me gustan los chantajes para conseguir NADA, pero para conseguir gestos de cariño... eso no tiene nombre...Es difícil mostrarse contundente ante esto. Cuando es otra persona la que le pide besos a nuestros hijos e incluso llegan al chantaje emocional o material, a la insistencia... no queremos hacer sentir mal a esa persona o tememos resultar antipáticos o ariscos. Pero en estos casos, estamos olvidando lo más importante, que es cómo se sienten los pequeños. Y como digo, es complicado, porque como adultos tenemos muchos convencionalismos sociales, que nada tienen que ver con el cariño verdadero. A menudo creo que no se le da la importancia que tiene, pero un beso o un abrazo, requiere contacto físico, requiere expresar un sentimiento, y me parece de suma importancia que los niños desde pequeños tengan muy claro que eso sólo se hace CUANDO CADA UNO QUIERE.

Me quedo con el texto, extraído del blog de Pilar de Maternidad Continuum, imprescindible y muy revelador. Para reflexionar sin duda:

“Cuando forzamos a los niños a someterse al afecto no deseado para evitar ofender a un familiar o lastimar los sentimientos de un amigo, les enseñamos que sus cuerpos en realidad no les pertenecen porque tienen que dejar a un lado sus propios sentimientos sobre lo que se siente bien para ellos”, dijo Irene van der Zande, cofundadora y directora ejecutiva de Kidpower Teenpower Fullpower International (Poder total de niños y adolescentes), una organización sin fines de lucro especializada en enseñar seguridad personal y prevención de la violencia."


Por besos, abrazos, cariños libres en la infancia
 

jueves, 22 de enero de 2015

El derecho a la tristeza

¿Acaso tengo que sentirme culpable por sentir tristeza en ocasiones?. ¿Acaso soy peor persona o egoista o en el peor de los casos, enferma?. Me niego...

Si te sientes plena de felicidad sin ningún motivo especial y por todo en general, ¡bienvenido seas!, estás en el buen camino, ¡esa es la actitud!, todo está bien, en definitiva te harán la ola por donde quiera que pases...

Pero amigo, si te sientes triste sin más, sin motivos aparentes, sin que haya muerto un ser querido o te hayas ido a la ruina... ¿Estás loco o qué te pasa?, ¿es que no valoras todo lo bueno que tienes?, céntrate en lo positivo... Y muchas cosas más que te podrán decir, mientras todo el mundo quiere tenerte lo más lejos posible no vaya a ser que algo de eso tan malo que te pasa se les pueda contagiar.

Estamos contínuamente bombardeados por mensajes como estos, mensajes para conseguir la felicidad plena, para ser positivo SIEMPRE. Todo esto está muy bien, pero yo creo que no debemos olvidar que no se trata de buscar la felicidad eterna, esto sólo nos puede traer sentimientos de frustración y rabia por lo imposible que resulta. Se trata de aceptar cada emoción y sentimiento como parte de nuestra existencia y como parte de nuestro yo. Si asumimos que no hay nada de malo en ninguno de los sentimientos que nos abordan en la vida, será más fácil aceptarlos, reconocerlos y dejarles entrar y salir, sin encastrarnos en esa tristeza, ese enfado o esa rabia.

No hace mucho ya reflexionaba sobre ello en este post, pensando en lo que les transmitimos a nuestros hijos referente a esto.

No sólo me reafirmo sino que reclamo el derecho de cada cual a sentirse en cada momento como le de la gana. Grandes, pequeños y medianos. No es malo, no es egoista, ni por supuesto, de enfermos (lo de convertir en enfermedad cualquier cosa, y por tanto generar necesidades daría para escribir libros enteros...). Es simplemente eso... Tan bueno y tan malo como cualquier otro estado de ánimo. Las personas somos complejas, imperfectas e increíblemente maravillosas con todo ello. Cada etapa y cada sentimiento te hace aprender, crecer como persona y apreciar todo lo bueno que tiene la vida.

Hoy me crucé con una fábula que no conocía, de Jorge Bucay, que habla sobre la tristeza y la furia. Me ha parecido preciosa. Creo que ha dado sentido a todo lo que pienso sobre estos temas. Al menos, yo lo he entendido así.

Dejemos entrar y aceptemos todas las emociones, en nosotros y en los demás. No vaya a ser que se disfracen de cosas peores...

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...

Había una vez...
Un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.


Del libro Cuentos para pensar. de Jorge Bucay 

miércoles, 14 de enero de 2015

De vuelta a la rutina

Las vacaciones de Navidad acabaron. Sólo hace unos días y ya casi se me han olvidado... Hemos entrado de lleno y de nuevo en las rutinas del día a día, del cole, del trabajo, el madrugar...

Ha sido una locura de regalos, compras, visitas, cenas y comidas... Pero también ha sido unas maravilla de entrar y salir a todas horas, descansar mucho, disfrutar de 24 horas juntos, quedar con amigos... Está claro que con niños pequeños las navidades vuelven a recobrar el sentido que inevitablemente ya estaban perdiendo.

Definitivamente, creo que la balanza se inclina porque una vez al año vale la pena todo este derroche de todo... No negaré que a veces me sobrepasa tanto regalo, tanta comida, tanto centro comercial... Pero siendo sincera, este año con un poco de previsión y echando mano de la ayuda de internet y comercios del pueblo, he tenido más controlada esa parte (no del todo, pero algo sí...).

Es muy bonito también, compartir con la peque toda esa ilusión.

Ahora toca volver a la normalidad, que no siempre es fácil. Para nosotros no lo es y para Paula menos aún. Creo que echa de menos estos días de atrás y estar juntos a todas horas, y su manera de exteriorizarlo es con un poco de rabia y cabreos continuos, con lloros por cualquier cosa y llevando la contraria a todos y por todo...

Lo vamos manejando echándole calma, paciencia y grandes dosis de cariño. Aún así, a ratos lo pasamos mal a partes iguales. El cansancio que acumulamos estos días con tanto cambio de horarios, en estos casos es demoledor.

Pero como digo, lo vamos manejando, se hace mayor, y la alegría, el llanto y los enfados van y vienen con la misma facilidad...

Al final siempre queda lo bueno, y hay veces, como ayer que no puedo aguantar la carcajada cuando vuelves de la cocina al salón y te encuentras un graaan mechón de pelo encima de la mesa, ella al ver tu cara de terror, con las tijeritas infantiles en la mano te dice, "es que tengo el pelo muy largo mamá..."

O cuando te dice que quiere jugar al escondite y te pone a contar mientras pide que la busques a gritos desde la cocina, y cuando llegas...




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