martes, 30 de junio de 2015

Fin de curso, haciendo recuento

A lo tonto y despacito, hemos llegado al final... El final de este primer curso del cole de mayores!

Yo, que con todas estas cosas, soy de lágrima fácil, me emociono un poco al escribirlo. Atrás quedaron esos primeros días en que nuestra pequeña salía llorando y tristona porque no le gustaba la idea de abandonar su cole de pequeños, con su profe y sus amiguitos.

Llegar al cole de los grandes no fue fácil al principio. Pero los días pasaron y descubriste un mundo nuevo, que aunque todavía se te quedaba grande, en él ibas descubriendo muchas cosas nuevas que te gustaban y nuevas personas que fuiste incorporando a tu vida.

El comedor... Sólo fueron dos días, pero suficiente para darnos cuenta que no era tu sitio. La alternativa se nos presentó como una bendición que nos salvó y que nos hizo no sólo más llevadero, sino casi idílico el camino de la incorporación. Aquí lo contamos entonces.

Recuerdo que estabas muy triste esos días, un poco por todo en general. El primer día de comedor, una de las cuidadoras me dijo que habías estado a punto de ponerte a llorar, pero te dijeron que si llorabas mamá no vendría y entonces dejaste de hacer pucheros. En fin... Voy a no comentar este episodio que me contaron sin darle mayor importancia, y que a mí me mató por dentro.

Hija, yo siempre iré a buscarte. SIEMPRE. Allá donde estés, y pase lo que pase.

Una noche llorabas desconsolada diciéndome que por favor no te llevara al cole, que no querías ir más. Son momentos tan dolorosos...

Allí estaban mamá y papá, sosteniendo tu llanto, tu miedo, tus dudas... Entendiendo y respetando tu proceso, sin poder hacer mucho más que tanto y tan poco, como secar tus lágrimas y regalarte tardes enteras llenas de mimos, de besos, de juegos, de calle, de sofá y de descansar juntos.

Ahora a todos esos momentos, podemos añadirle muchos otros, algunos muy bonitos. Estás aprendiendo muchísimas cosas, y lo mejor, casi sin darte cuenta.

Sobra decir que no es perfecto. Ójala!. Pero es lo más perfecto que hay dentro de nuestro abanico de posibilidades. Y con eso de momento, nos basta.

Tienes una profe cariñosa, tranquila y que te va conociendo. Dice que eres lenta, y que muchas veces no has acabado algo cuando todos ya terminaron hace rato. No me importa, de hecho me gusta. Pones mimo y cuidado al hacer las cosas y no tienes prisa, porque prefieres hacerlo con todo tu esmero y como a ti te gusta, que acabarlo rápido. Espero que no consigan acabar con eso, me parece  un bien tan preciado en estos tiempos de prisas e inmediatez que deberíamos cuidar y no entorpecer.

Hace poco, un día descubrimos que sabías poner tu nombre, ¡y que te encanta ponerlo en todos tus dibujos y creaciones!. Sin darle importancia, sin interminables fichas llenas de letras que resultan tan monótonas y aburridas, sin apenas enterarte, ya pones tu nombre y reconoces varias letras.

Cuentas hasta 10 ó hasta 15 o incluso hasta 20 a veces!. No siempre llegas al mismo número. Te descubro haciéndolo sola de vez en cuando, contando cosas que aparecen en tus cuentos o en jueguecitos del móvil... je je, que no veas qué destreza has cogido cuando a regañadientes te prestamos el dichoso aparatito...

Has aprendido muchas cosas interesantes sobre la llegada de las estaciones del año, sobre el polo norte y sus habitantes, pingüinos, inuits, focas, morsas... Los bichillos e insectos que van apareciendo con la llegada de la primavera, la caída de las hojas en otoño... Literalmente he alucinado con algunas cosas que me contabas con gran asombro que muchas veces ni yo sabía. Habéis desarrollado muchos proyectos a lo largo del curso que parecen haber despertado gran interés en todo lo que ibas aprendiendo. Ha sido un gusto ver cómo se aprende cuando hay ganas y motivación, sin forzar y sin presiones. Así lo percibimos desde casa. Deseo con todas mis fuerzas que esto continúe así.

Los trabajitos que has ido trayendo a casa, porque aunque no hemos comprado libros, las profes os han ido facilitando algunos materiales para trabajar algunos conceptos, me hacen mucha gracia.

Aunque en casa ya lo hacías así, veo que en el cole también pintas a trocitos o rayitas de colores. ¡Te encanta pintar así! Y yo me maravillo porque nunca había visto algo igual... No quiero ni preguntar para no interferir en ese proceso de creación de obras de arte... Ja ja ja!!! ¿Qué patrón seguirás? ¿seguirás alguno??, ¿es puro azar, la distribución de los trocitos y colorines...?. Sólo tú lo sabes mi amor, y así tiene que ser. Tú eres la artista! ;-)

Y como una imagen vale más que mil palabras...
 

Poco a poco, vas entablando un primer esbozo de lo que serían amistades. Eres generosa, empática, e increíblemente bondadosa con los demás compañeros y niños en general. Y yo lo adoro. No das tu amistad y tu calor, tu cariño y tus mimos a la primera de cambio... ¡Pero amiga! cuando Paula te acepta en su vida, prepárate para recibir el más puro amor del bueno! Ja ja ja!. 

Nos cuentas que hay una niña mala (cosas que se aprenden en el cole y que no nos gustan, las malditas etiquetas y la dualidad entre lo bueno y lo malo de la vida...), que te pega y tira de la coleta cuando te ve en el patio. Yo te explico que seguramente no es mala, que lo más probable es que no sepa que eso no se debe hacer y que nadie le habrá enseñado que jamás de los jamases se debe pegar a nadie. :-((. Mientras tanto, mamá se pregunta... "¿Por qué dejan que esto se convierta en algo repetido?.

Has ido de excursión, al teatro, al safari, a la granja escuela. Te gusta y disfrutas de las salidas con los compis. A tu última excursión a la granja llevabas días diciendo que no querías ir ya que tu amiguita del alma no podía ir. Te dije que lo que tú decidieses estaría bien. Finalmente cambiaste de opinión y creo que fue un acierto. Aunque al despedirte de papá en el autobús lloraras de la emoción de la despedida... Mi niña...



En definitiva y haciendo recuento, ha sido buen año, un buen curso. Enseguida empezaste a estar contenta con tu nueva etapa. Has dado un gran cambio que todos los que te rodeamos hemos notado. Te apetece mucho más abrirte a la gente, charlar, contar tus cosas... Vas convirtiéndote poco a poco en una personita mayor, en una gran personita mayor, chiquitita y que aún así va mostrando su carácter. Reconozco que por dentro me parto de la risa cuando con total y absoluta naturalidad contestas a alguna de mis preguntas como por ejemplo: 

- Mamá dice: "Paula, ¿por qué no recogemos todas las pinturas y los juguetes que se han quedado por todo el salón?"
- Y Paula contesta: "Mmmm... Porque no quiero mami". 

Pero sin la más mínima intención de que sea una mala contestación ni un reto... Mamá te ha enseñado a expesar absolutamente todo lo que te apetece, a decir en cada momento lo que quieres y no quieres, y... ¡¡voilà!!... Ahí lo tienes mamá... Ja ja ja!!!

Ahora toca disfrutar del verano todo lo que podamos, del agua, del sol, de andar todo el día en "bolillas", y en definitiva de jugar a todas horas y por qué no, también de aburrirse...


 Eres la delicia de mis tardes y de las tardes-noches de papá, de nuestros fines de semana y de nuestra vida. ¡¡Te queremos hasta la luna, las estrellas, el sol y el Universo entero!! (Ahora ya sé que tú a nosotros también, te lo has aprendido y nos lo sueltas cada dos por tres... Eso sí, no siempre con todo el acierto en las palabras :-))) Un día toda llena de amor me dijiste, "mamá te quiero hasta la luna, hasta el sol, hasta las estrellas ¡Y HASTA EL UNIFORME!

jueves, 18 de junio de 2015

La competitividad en los niños.

A menudo y en casi todos los ámbitos en los que nuestros hijos conviven se fomenta, de manera consciente o inconsciente la competitividad. En la propia casa y entre la familia a veces se fomentan estas actitudes. En la escuela especialmente, con sus calificaciones y sus sistemas de premios y castigos, esto es incluso más evidente.

Desde casa y a veces sin darnos, o dándonos cuenta, caemos en la competición por quién llega primero, quién come más, quién es más alto o más fuerte... Ellos, desde su inocencia, caen de pleno en el juego y compiten aún sin saber muy bien por qué.

No me gusta. Por más que he buscado, no he logrado encontrar evidencias científicas ni a favor ni en contra de inculcar y fomentar la competitividad en los niños desde edades tempranas. He de decir que me hubiese encantado encontrar alguna evidencia, por ínfima que fuese, que me diera la razón, que dijese que la competitividad lleva a la comparación, de ahí a la frustración, a los sentimientos negativos, falta de autoestima, ansiedad, incluso violencia. Todo eso, yo lo meto en un mismo saco y lo que sale no me gusta.

Para mí, es sólo una cuestión de sentido común. Yo lo veo tan claro...

Esta semana en el cole, están en pre-vacaciones y organizan un montón de actividades que se salen un poco de su norma habitual y en las que invitan a todos los papás que quieran y puedan ir. Ayer les sacaron fuera del cole e hicieron una carrera. Una súper carrera para los más peques y al ganador de cada clase se le entregó un grannnn trofeo.

Los demás, por supuesto, con 4 años en el mejor de los casos, y en el peor como en el caso de Paula, con 3, se quedan mirando sin ni siquiera un reconocimiento por el esfuerzo y la participación. No lo veo, la verdad... A Paula parece que le dio un poco igual la verdad. Pero había niños que se enfadaron, que incluso salieron con cara larga y disgustados. No me extraña. ¿De verdad hay necesidad de esto...?. Transmitirles el gusto y el placer del deporte y la actividad física me parece perfecto, pero aún son pequeños para entender el perder y el ganar, la competición como tal.

Y es que si desde pequeños fomentamos la competición en cualquier ámbito, como la escuela, que desde mi punto de vista debería estar libre de cualquier comparación, entramos en un círculo que se perpetuará en la edad adulta y que genera que nos pasemos la vida midiéndonos con el prójimo y hasta con nosotros mismos. Esto, nos hace infelices. Pero eso sí, genera una sociedad competitiva y por tanto, consumista de todo lo habido y por haber, todo por ser mejor en cualquier cosa.

A veces, les hacemos competir y les medimos y comparamos hasta en las cosas más absurdas. Ni siquiera en algo importante para ellos como su nivel de felicidad... Cosas como, a qué edad comienzan a dar los primeros pasos, las primeras palabras, si comen cuatro o diez cucharadas más que su primito que es 3 meses más pequeño, si sacan mejores notas que su hermano...  ¿No es ridículo?. ¿De verdad, son tan importantes todas estas cosas...?.

No me valen los argumentos que mucha gente me da, diciéndome que hay que prepararles para la edad adulta y el mundo de los mayores, en el que se les va a exigir competitividad día a día y destacar y ser los mejores. Lo siento, no me vale. Cada cosa a su tiempo por favor.

¿Quén?. ¿Quién se lo va a exigir?. Y ¿por qué?. Y ¿realmente es útil?, ¿para qué?. Yo no le encuentro el beneficio, ni la utilidad. No quiero que mi hija crezca midiéndose ni se prepare para ello en el futuro. El futuro es hoy. Eso es lo único que cada día tengo más claro. Y lo único que deseo es que se ocupe de ser feliz día a día y por el camino.  Despacio, y sin presiones de ningún tipo.

Debemos despojarnos de todas esas medidas y comparaciones. Crear una sociedad y un mundo en el que no haya que ser mejor ni tener más para ser feliz, en vez de cambiar a nuestros pequeños su desarrollo natural para que se adapten al mundo que hemos creado.

Eso es lo mejor que podemos dejarles.



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