lunes, 7 de septiembre de 2015

Las rutinas ¿mito o realidad?...

Ya no nos queda nada para que comience el cole. Un par de días escasos...

Escucho por todas partes las ganas que tienen casi todos los padres y madres de que sus hijos empiecen las clases. Pero más que por las clases, ¡por las rutinas!... Las dichosas rutinas.

A todas horas y por todas partes, "la importancia de las rutinas en los niños". En boca de todo el mundo y en infinidad de artículos, bajo mucha palabrería, pero sin un sólo atisbo de premisa científica que avale todas esas afirmaciones.

A mi mente viene una frase que leí no hace mucho por las redes, que decía algo así como, "si crees que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal". Venía citada por Paulo Coelho (no sé con certeza si es suya).

Y entonces, ¿por qué tanto amor a las rutinas en los niños, así en términos generales?. Yo pienso que es muy sencillo, es simplemente una cuestión de comodidad para los adultos. Yo me levanto muy temprano, por lo tanto, me va fenomenal que ni niñ@ se acueste también muy temprano para que podamos dormir ambos. Y hasta ahí, todo perfecto.

Necesitamos descansar. Eso está claro. TODOS. Los niños y también los adultos. Y si nos levantamos pronto, y tenemos días llenos de actividad, el cuerpo te pedirá pronto ir a descansar. A mí particularmente, no me importa si un día es a las 9 y otro día a las diez menos veinticinco. Si un día me ducho en la mañana y otro por la noche. O si un día no hay ducha ni baño, porque sencillamente no nos apetece. Bufffff... A veces creo que nos complicamos la vida más de lo deseable.

"Los niños necesitan rutinas", me decían el otro día. ¿Necesitar???. ¿Los niños???. ¿Por qué van a necesitar tal cosa?... No será que en nuestras ajetreadas vidas nos viene muy bien establecer una serie de horarios (más o menos estrictos dependiendo de lo estricto que sea cada cual) para que todo fluya más o menos en orden?.

Y ahora digo yo, que eso qué narices tendrá que ver con las necesidades de un niño. Lo que más me hace gracia es que a menudo la gente habla de la necesidad de los niños de vivir bajo un régimen de rutinas, como si fuese algo absolútamente general, casi casi impuesto por código genético. Y lo siento, pero por ahí sí que no paso. Hablan de imponerles rutinas desde que son bebés. Existen incluso libros que "te enseñan" a poner rutinas a tus hijos desde bebés.

A mí esto, sencillamente me parece un horror. Y nada respetuoso para ellos, que son personas, diferentes, individuales y únicas, con unas necesidades diferentes en cada caso. Con todo esto, lo que podemos hacer es establecer unos hábitos de vida en familia, que se adapten un poco a las necesidades de todos y respetando todas ellas. Poco a poco, y a medida que tu bebé vaya creciendo, te vas dando cuenta de sus preferencias, sus necesidades... ¿Que habrá niñ@s que les encanten las rutinas y horarios y se sientan incómodos ante los cambios...?. Puede ser. Así como habrá otros que todo lo contrario, y otros que ni fu ni fa...

Lo que sí está claro, es que un bebé lo que necesita es sentirse seguro, y que eso lo consigue a través del contacto directo con su figura de apego, su calor, su alimento cercano en todo momento para tomarlo cuando le plazca y poder descansar también cuando le plazca.

Creo que las necesidades son nuestras. Y ni siquiera nuestras, son las que nos hemos impuesto por nuestras organizadas y ajetreadas vidas. Que nada tiene que ver con que un ser humano, grande o pequeño necesite rutinas. Yo, por ejemplo no las necesito en absoluto, incluso me molestan a veces.

Desde luego, quien piense que un niño necesita rutinas para sentirse feliz y seguro, no ha visto a mi hija, perfectamente sana, ser la felicidad personificada viviendo en verano, sin horarios, sin actividades impuestas, correteando todo el día medio en pelotas y haciendo casi casi lo que le viene en gana a cada momento.






viernes, 4 de septiembre de 2015

La vuelta

Ya se acabó el verano...

Hemos estado en modo off de casi todo. He vuelto a estar en etapa de no escribir nada, aún teniendo muchas cosas que contar.

Pero ha podido la pereza del día a día, de no hacer casi nada excepto disfrutar de la compañía, de la pequeña, de nosotros, de los amigos... Esos amigos a los que sólo ves una vez al año, con suerte, pero que cuando te juntas parece que no hubiesen pasado los meses.

Ha sido un mes de vacaciones sin muchas expectativas y sin muchos planes. Pero dedicado cien por cien a lo que me gusta. Que es algo tan simple como cuidar, de mi niña, de mi casa, de los míos y de mí. Se ha pasado rápido, aunque parezca que un mes da para mucho.

Y sí que da para mucho, en el sentido de hacer cosas que tenías pendientes, o para dedicarle más tiempo a mis costuras, mis trabajillos, algún pequeño trabajillo de restauración... Pero en lo esencial, se sigue quedando corto... :-(

Para rematar el final de las vacas, hemos estado una semana en la playa, en casa de unos amigos. Y ha sido una delicia. Este año Paula ha disfrutado verdaderamente del mar, del tiempo de no hacer nada. Verla y mirarla, ha sido el mayor regalo para mí.

Hemos jugado y nos hemos bañado muchísimo. Creo que yo también he disfrutado más del mar que nunca antes. Es como una medicina para mí. El último día sentía que era un pescadito al que arrancaban del agua que le proporciona el oxígeno para llevarle tierra adentro, donde se ahoga...

¡¡Hemos volado una cometa!!. Compramos una que no llegaba a dos euros, porque de siempre había tenido la ilusión de probar un día cómo sería volar una cometa. Y ahora, pensé que ya que no lo había hecho hasta ahora, a Paula le haría ilusión. Y aprovechando que en la playa en la que hemos estado, todas las tardes hace mucho viento...

A ella, ilusión, lo que se dice ilusión, no le hizo mucha al ver que aquello no era tan sencillo como agarrar el hilo y verla subir y deslizarse por el cielo. Pero... a nosotros!! Me olvidé por unos momentos de todo, y disfruté como no recordaba hacerlo desde hace tiempo. Es una pasada, sentir cómo va subiendo según vas soltando hilo y más hilo. Sentir como parece que batiese unas alas imaginarias al dar pequeños tirones a la cuerda, y vuelve a subir.

Cuando de repente se acabó el hilo y aquello se rompió (seguramente a una cometa de 2 euros no se le puede pedir mucho más...), no podía parar de reir y de gritar diciendo, "¡qué se va, qué se va!". Al final la recuperé, una gran carrera más alante y para mi tranquilidad, sin ningún incidente ni accidentado que lamentar.

Mientras tanto, Paula se emocionaba con otros motivos, escalando dunas que para ella eran una gran montaña. ¡¡Está empeñada en que quiere escalar montañas!!, hasta el punto de que cuando vamos en el coche y ve cualquier pequeña montañita (que para ella debe ser algo así como el Everest), no para de insitir en que paremos el coche porque quiere escalarla!!  Escala incluso en aceras muy empinadas, ja ja ja!.

Ya nos quedan pocos días para dejar todo este tiempo en el recuerdo, y pasar a un nuevo curso. Con muchas ilusiones y muchos sueños en la cabeza. Con muchas ganas de contar y de escribirlo. Espero que así sea.

Otro curso en el que crecerá, cambiará y se hará más independiente aún. Casi sin darnos cuenta.

Mientras lo esperamos, sigo deleitándome con el buen sabor que todavía me dura, de un verano en el que por unos días he saboreado lo que tanto me gustaría... Estar a diario ocupándome de mi hija, de mi familia, de mi casa y mis cosas. Sin angustias, sin anhelo de horarios, ni de oficinas. Tan sólo disfrutando de algo tan importante como el momento vivido. Nuestro momento juntos.

En mi mente, aún queda algo de esas primeras luces que van asomando al final del mar, en los maravillosos amaneceres que hemos disfrutado.



En anteriores capítulos de 'Burbujita' :